Pensamientos básicos
Frecuentemente me hago a mí mismo algunos interrogantes simples. Me pregunté por ejemplo:
¿Por qué las grandes marcas de autos son de USA?
¿Por qué casi todas las películas cinematográficas se filman en USA?
¿Por qué los televisores fueron creados en USA?
¿Por qué las computadoras tienen marcas norteamericanas?
¿Por qué los medicamentos tienen patente norteamericana?
¿Por qué los aviones son fabricados en USA?
¿Por qué el dólar, la moneda de USA, es universal?
¿Por qué los países, entre ellos Argentina, deben pedir préstamos a USA?
¿Por qué USA es la gran potencia financiera del mundo?
¿Por qué USA pudo llegar a la luna?
¿Por qué debemos recurrir a las observaciones satelitales hechas por la NASA?
¿Por qué USA tiene los armamentos más modernos y poderosos?
Todas estas preguntas encontraron respuesta cuando en 1953, introduje la idea de recuperar la Universidad que Santiago perdió en 1613, y tuve que averiguar muchas cosas.
Entre otras, me pregunté ¿cuántas universidades hay en Estados Unidos? La respuesta fue sorprendente: a mitad del siglo XX (1953), Estados Unidos tenía 1.500 universidades, y me pregunté entonces: ¿cuántas tiene Argentina? En aquél momento, nuestro país tenía 6 universidades. En el “match intelectual” nos ganaban mil quinientos a seis.
Ellos tienen gente altamente capacitada, en todos los tipos de conocimiento en una proporción gigantesca con respecto a nosotros. Comprendí entonces por qué existe ese predominio de Estados Unidos en todos los órdenes.
Volví a pensar en este tema…
La Universidad en la historia argentina
La capacidad de cualquier país del mundo se fundamenta en el nivel intelectual dirigente de ese país. La función de la Universidad es despertar y cultivar el talento, base fundamental del progreso y de la riqueza de los pueblos.
La explicación de la diferencia entre Argentina y Estados Unidos se fundamenta en que ellos comprendieron desde siglos anteriores, que la capacidad es la base de cualquier progreso.
Argentina padeció a lo largo de su historia, de una gran deficiencia en la educación superior de su pueblo. Si hacemos una revisión histórica de la educación de alto nivel en el país, podemos advertir que en 1611 se dio el fundamento del primer establecimiento a nivel universitario en el actual territorio nacional fundado por el Obispo de Santiago del Estero, fray Fernando de Trejo y Sanabria (cuyo título no era el de la ciudad, sino como ocurre en toda la historia de la iglesia, el nombre de la región). Este fue oficializado posteriormente en el año 1613 en Córdoba por el traslado del obispado a aquella ciudad.
En 1613 la Iglesia y el poder real confirmaron la fundación de la Universidad que ya había sido trasladada a Córdoba, conjuntamente con el obispado. Esa primera universidad fue la única desde 1613 hasta el siglo XIX en que se fundó la segunda universidad: la Universidad de Buenos Aires, el 9 de agosto de 1821, cuando Argentina ya estaba independizada.
La tercera universidad se estableció en 1890. Se puede observar por lo tanto que el interés en la educación superior no fue prioritario desde los primeros tiempos de lo que es hoy Nación Argentina.
Podemos preguntarnos ¿cuántos argentinos pudieron recibir educación superior en ese período de trescientos ochenta años? El obispo Trejo, al fundar la primera universidad, le dio como mandato: lleven mi mensaje a todas las gentes. Trejo tenía espíritu democrático, porque hablaba de todas las gentes.
Sin embargo, los pocos graduados en las universidades de nuestro territorio en ese largo período histórico, eran muy pocos y recibían educación en temas de exquisita orientación exclusivamente intelectual. Esto creó el concepto de excelencia en un reducido grupo que resultaba así notablemente superior al resto del pueblo, y daban una imagen al mundo de que Argentina era un país muy ilustrado.
Este espíritu se prolongó a lo largo del tiempo. Aún en la actualidad el concepto de excelencia distingue a unos pocos, y en los grandes organismos de investigación creados en nuestro país, unos pocos son destacados como “investigadores” que no deben ocuparse de la pequeñez de conocer el país, sino deben competir en los grandes proyectos de los países “desarrollados”.
Distribución de las universidades en Argentina
Aquellas tres universidades establecidas en Córdoba, Buenos Aires y La Plata, concentraron durante siglos la educación superior.
Recién bajo la inspiración de la Generación del ’80, se fundaron cuatro nuevas universidades. Respondiendo al pensamiento de aquellos ilustres gobernantes, la economía argentina se incluyó en el gran comercio mundial.
Por lo tanto esas cuatro nuevas universidades se establecieron en las economías regionales. En el área pampeana, en Cuyo y en Tucumán; en apoyo de la economía agropecuaria, la industria azucarera y la industria vitivinícola.
Cambió la orientación universitaria, después de aquellas primeras de exquisita orientación puramente intelectual, las nuevas respondían a un criterio económico. Las nuevas universidades desarrollaron fundamentalmente, los temas que preocupaban a su región. El resto del pueblo argentino, que ocupaba la mayor parte del territorio nacional, quedó sin el beneficio de la educación superior ni de la investigación científica y técnica. Los jóvenes de las familias que podían sostener económicamente a sus hijos durante el período de estudios universitarios, eran los únicos privilegiados.
¿Cuántos de esos jóvenes volvían a su provincia de origen? Atraídos por sus profesores y otros, por su matrimonio, eran retenidos en las ciudades universitarias; y el país, de este modo, concentraba su desarrollo en pocos centros de ilustración.
La mayor parte de las provincias argentinas se fueron atrasando progresivamente, perdiendo sus recursos naturales mientras se degradaba la armonía ecológica del territorio nacional. Evidentemente las investigaciones científicas y técnicas se concentraron en pocos centros, y se orientaban fundamentalmente al estudio de los recursos que daban origen a las economías regionales.
La Universidad en el desarrollo nacional
Cuando uno admira el desarrollo de Estados Unidos, puede observar que la investigación empezó modestamente. Sobre cualquier tema, de cualquier especialidad, encontramos en la bibliografía, numerosos artículos de autores norteamericanos. Ello nos indica que fueron estudiados desde hace mucho tiempo, los más diversos aspectos de la naturaleza y de la actividad humana, sin despreciar sus cualidades naturales.
Evidentemente los intelectuales de Estados Unidos empezaron modestamente, acumularon conocimientos y sentaron así las bases del gran desarrollo que actualmente nos sorprende.
El desarrollo económico, cultural y social de aquél país está estrechamente vinculado a las condiciones naturales y a los recursos que ofrece su territorio natural. La economía agropecuaria responde a la variación progresiva de las condiciones físicas y naturales.
El desarrollo en los aspectos energéticos y de la industria metalúrgica se concentran donde la naturaleza del país ofrece recursos y condiciones naturales favorables. Es, Estados Unidos, probablemente el único país del mundo, que tiene economía ecológica.
Si nos referimos a nuestra Argentina, podemos observar que muy poco conocemos de ella. No conocemos nuestro medio físico, nuestro medio ecológico, las posibilidades económicas de nuestros recursos naturales, etc. Todo el desarrollo de la economía argentina se ha fundamentado en recursos que introdujeron los conquistadores a partir del siglo XVI.
Desde mediados de los años del 1500, hasta la Generación del ‘80, Argentina tuvo economías de subsistencia basada en aquellos recursos que trajeron los conquistadores para su supervivencia: trigo, ganado vacuno, ganado lanar,... No se tomaron en cuenta en lo absoluto los recursos naturales que ofrece el territorio nacional, solamente los recursos de origen exótico que dieron fundamento a la llamada “Economía Nacional”. Al no conocer la calidad de los recursos naturales que ofrece el país, éstos fueron despreciados y comercializados como si no tuvieran valor.
Es interesante hacer memoria de los recursos que ofrece nuestro país. El territorio nacional, conjuntamente con Chile, son los únicos países del mundo que abarcan totalmente la zona templada, es decir la más favorable para el desarrollo humano. Una de las grandes llanuras fértiles del mundo, la Chaco Pampeana, se encuentra en el territorio nacional; la segunda montaña del mundo en volumen y en magnitud, se encuentra en el territorio nacional, cuyas riquezas metalúrgicas fueron conocidas desde que Pizarro llenó de oro su palacio imperial (por exigencias del invasor), sobre el límite con Chile; el océano argentino abarca desde la zona templada hasta el polo, en una extensión cerca a los 4.000 km. de longitud, lo que sugiere la riqueza ictícola y marítima. La universidad argentina se ocupó muy poco de estudiar la naturaleza, los recursos y las posibilidades naturales de nuestro país.
No conocemos la composición étnica básica ni el pensamiento de nuestro pueblo, del mismo modo que no conocemos el territorio nacional desde el punto de vista físico, ecológico y de sus reales posibilidades económicas. Tampoco conocemos profundamente las orientaciones culturales de nuestro pueblo. En el balance histórico general, a lo largo de 550 años de historia, no debemos extrañarnos de que la economía nacional no haya alcanzado los niveles tanto en el sentido económico como en el cultural que debíamos imaginar si pensamos la historia desde la visión actual.
La carencia de verdadero desarrollo universitario durante largos períodos explica el brillo nacional, sólo aparente, pero al mismo tiempo, la degradación de la naturaleza y la falta de evolución de nuestro pueblo.
Nuevas universidades
Solamente a partir del último tercio del siglo XX, Argentina despierta y funda universidades en todas las provincias argentinas.
A partir de entonces podremos esperar que el talento de nuestros jóvenes pueda ser cultivado en todo el país cuyas condiciones culturales son tan variadas y cuyos recursos naturales son sorprendentemente valiosos en armonía con la variada estructura ecológica de un territorio no demasiado extenso, pero sí suficientemente representativo de la geografía mundial.
No debemos esperar al crear las nuevas universidades, que ellas nos ofrezcan la alta excelencia a que aspiran muchos de nuestros dirigentes nacionales desde el comienzo.
Iniciamos un nuevo período en el desarrollo intelectual argentino, y como ocurrió en todos los países del mundo, se inicia sin grandes brillos, y si somos capaces de mantener el espíritu de modestia, la universidad será el instrumento fundamental del verdadero desarrollo de la Nación Argentina.
Néstor René Ledesma
jueves, 3 de septiembre de 2009 | |
La Universidad en la historia argentina
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