viernes, 10 de julio de 2009 | | 0 comentarios

Caracteres de la semiaridez en el Chaco Seco

La semiaridez es una característica regional que se manifiesta a través de los más diversos fenómenos. Es posible observar que abarca en primer lugar el ambiente físico, pero que, de acuerdo a sus consecuencias, se transfiere al ambiente biológico, ecológico, económico, social, cultural, político, institucional, etc. Podríamos profundizar aún más este análisis.
En este complejo, la interpretación de la semiaridez no es una cuestión fácil, mientras se piensa con criterios convencionales. En esencia, tratamos de una relación de un balance entre el aporte de agua por lluvias u otros factores a lo que llamaríamos fenómeno positivo, frente a la evaporación, evapotranspiración, escurrimiento, gravitación, etc., que en conjunto representa la fase negativa.
Cuando el balance en este caso hidrológico, se hace negativo, entramos en los conceptos de aridez. Si consideramos exclusivamente el fenómeno físico, la semiaridez sería solamente una gradación dentro de los valores de aridez.
Pero el fenómeno físico se vincula con la vida. El reino vegetal suele ser la respuesta a este diálogo ecológico en el que la causa primera es el fenómeno físico y su respuesta es la presencia de la vida.
La vida vegetal está indudablemente vinculada con la posibilidad de los seres vivientes por obtener agua, elemento fundamental para todos los fenómenos biológicos. Por lo tanto, en función de las posibilidades de obtener agua existe una adecuación de la vida con el medio ambiente.
Por estos conceptos las manifestaciones de los seres vivientes nos expresan, si están satisfechas o no, sus necesidades vitales. Y en este caso, los mismos seres vivientes nos sugieren no sólo los grados de la aridez, sino nos marcan como límites entre lo que es semiárido y lo que es húmedo.
Cuando el déficit de agua es extremo, y la vida se hace difícil, nos aproximamos al concepto de desierto. Pero cuando la vida puede obtener agua, aunque sea apenas la suficiente para satisfacer exigencias mínimas, ya no podernos pensar en aridez, y estamos dentro de los límites amplios de la semiaridez.
Las causas que determinan la poca abundancia de agua, pueden ser muy variadas y son propias de cada región. Por ello, la semiaridez, presenta modalidades particulares, en cada región del mundo. En nuestro caso, analizaremos los caracteres de la semiaridez en nuestra región chaqueña semiárida.

Semiaridez física

Si consideramos el balance del agua en nuestra región chaqueña podemos observar que, las lluvias disminuyen gradualmente de este a oeste, aproximadamente un milímetro por kilómetro, en la geografía de esta región.
Al mismo tiempo observamos que las isotermas, son paralelas a los paralelos geográficos y la temperatura aumenta a medida que disminuye la latitud. Así el balance del agua varía de este a oeste y de sur a norte.
Pero hay otro factor a tomar en cuenta, desde el punto de vista físico. Nuestra región ocupa la parte central del continente sudamericano, al sur de la meseta de Mato Grosso. En este ámbito geográfico observamos la presencia de “centros pluviosos”, ubicados en diversas posiciones, alrededor del Chaco Seco.
Al sudeste, cerca del Océano Atlántico, las masas de aire del noreste y del sudoeste, se encuentran rítmicamente, produciendo precipitaciones, en forma regular, durante el año, y las temperaturas no son demasiado variables, como consecuencia del clima marítimo. Estos son los factores determinantes de la región pampeana. En esta zona, en que se originan las lluvias pampeanas, la curva de variabilidad es muy poco pronunciada. Se puede observar, en la curva que expresa el régimen pluvial, dos épocas de máxima, en primavera y en otoño, circunstancia que se hace más clara cuando se avanza geográficamente hacia el noroeste.
Las masas de aire, que originan en la región pampeana, penetran en el área del Chaco Seco. A medida que se alejan de su causa de origen, el volumen de precipitación va disminuyendo. Así observamos que los vientos pampéanos tienen una gran influencia hacia el interior de lo que consideramos Chaco Seco, cuyo límite podemos situarlo aproximadamente en las laderas orientales de las Sierras de Sumampa, en Santiago del Estero.
En las Sierras Misioneras, el choque de las masas de aire patagónicas, con las originadas por los vientos alisios, crean un régimen pluvial bimodal muy notable, con una máxima en otoño y otra en primavera, siendo más intensa la otoñal. Las precipitaciones son muy abundantes y crean grandes excesos hídricos, originándose la selva misionera. Hacia el sudoeste, las lluvias disminuyen, pero la modalidad del régimen se mantiene. Así, penetran profundamente, creando el área chaqueña húmeda y más adelante el área chaqueña seca.
Las masas de aire, que provienen del sudeste y del noreste, cuando encuentran el área orográfica del Aconquija y de la Precordillera andina, que llegan atraídas por la “Depresión Térmica del Noroeste Argentino”, en la estación de verano, producen grandes precipitaciones, cuyo régimen se concentra alrededor del solsticio de verano. Estas lluvias crean la Selva Tucumano Boliviana, o Yungas. Las precipitaciones son escasas y casi nulas en invierno y primavera, y lloviznas o lluvias de poco volumen en otoño. Tales condiciones se extienden hacia el sudeste y penetran en la región chaqueña. A medida que se alejan del centro de origen, el volumen de precipitaciones progresivamente disminuye.
Las influencias climáticas descriptas, no son constantes y varían de acuerdo a sus propios regímenes. Así es como, un carácter fundamental en el clima del Chaco Semiárido, es la variabilidad, que se registra claramente en el factor hídrico, pero que afecta a todos los elementos meteorológicos, por cuanto las masas de aire transportan en sí los caracteres de temperatura, presión, fuerza del viento y demás componentes del complejo climatológico.
Las condiciones de balance hídrico se van haciendo cada vez más acentuadamente negativas a medida que se alejan de los polos productores de lluvias, es decir, hacia el centro de la región.
Donde se expresa con mayor intensidad el déficit, se observa una perfecta semiaridez, considerada desde el punto de vista físico. Un déficit hídrico de 1.100 a 1.200 mm anuales normales, se integra con 600 mm de precipitación, la mitad del agua necesaria, para el equilibrio hidrológico. El concepto de semiaridez es muy claro.

Semiaridez biológica

La respuesta biológica en este diálogo ecológico, es lo que llamamos el ecosistema forestal chaqueño. Los componentes vegetales, que podríamos considerar la primera manifestación de la vida, tienen en esta región, excepcionales características. Consideremos que, gran parte del chaco semiárido se encuentra próxima a la latitud crítica de los 30 grados, que en todos los continentes está ocupada por los grandes desiertos.
Como una notable excepción, el Chaco Seco está cubierto por un ecosistema forestal que, podríamos equipararlo aun dosel o techo que cubre toda la extensión de la región, estimada en aproximadamente 60.000.000 has.
Sabemos que, bajo la copa de los grandes árboles, se forma una situación ecológica diferente del ambiente externo, no protegido al que llamamos mesoclima del ecosistema forestal.
El bosque chaqueño seco está dominado por dos grandes especies que ocupan toda la región: el Quebracho Santiagueño (Schinopsis quebracho colorado) y el Quebracho Blanco (Aspidosperma quebracho blanco). Los caracteres de estas dos especies forestales difieren con los que se define para árboles de zona semiárida, por cuanto son de alto porte, con fuste forestal.
El Quebracho Blanco es de follaje persistente y el Quebracho Colorado es de follaje caduco. Los caracteres de caducidad del Quebracho Colorado son muy particulares. La defoliación se produce, al iniciarse la primavera y no en otoño como en las especies de clima templado. Por lo tanto mantiene su follaje durante todo el invierno y protege contra las inclemencias durante esta época carente de lluvias.
A las especies mayores las acompañan dos estratos o niveles de árboles. El segundo estrato está formado principalmente por los árboles de género Prosopis, que los primeros botánicos que llegaron a nuestro país llamaron algarrobias”. Son ellos el Algarrobo Blanco “Prosopis Alba”, el Algarrobo Negro “Prosopis Negra”, Vinal: “Prosopis ruscifolia”, Itín “Prosopis Kunzei”. El tercer plano, o estrato, está integrado por la Brea, “Cercidium praecox”, el mistol, “Ziziphus mistol”, chañar “Geofroea decorticans”. Estas especies están acompañadas en zonas con particularidades ecológicas propias por otras especies que ocupan áreas locales.
Un nivel inferior de arbustos y subarbustos de varios portes, de gran densidad, cubre completamente los primeros metros sobre el nivel del suelo. El género más frecuente es Acacia, se pueden señalar los espinillos, tuscas, garabatos.
Un piso de hierbas, de varios portes, ocupa la parte inferior de esta comunidad; estas hierbas están dominadas por las gramíneas, de numerosas especies, algunas son hierbas altas, otras pequeñas, algunas perennes, otras anuales, cuyo ciclo vegetativo se alterna, protegiendo constantemente el suelo.
La flora de la región está además integrada por enredaderas, algunas de ellas de gran tamaño, pero no pueden considerarse lianas. A cierta altura sobre el tronco de los árboles, y variando de acuerdo al microclima, hay abundantes epifitas: las “Flores del Aire”. En el suelo, aparecen musgos y en los troncos de los árboles, líquenes. En todo este conjunto, se alternan especies de follaje caduco y de follaje persistente y en los planos inferiores, las especies anuales y las perennes.
Toda esta comunidad florística se asemeja a los caracteres que definen las selvas; árboles de varios estratos, arbustos, subarbustos, hierbas, lianas, epifitas, musgos. De acuerdo a nuestra concepción, el ecosistema forestal chaqueño seco puede equipararse a una “selva xerófita” o un ecosistema forestal con vocación de selva. Los caracteres del xerofitismo de la flora de esta región, son distintos a los que se definen en otras de semejantes latitudes. El tamaño de los árboles mayores es superior, al que se conoce para este tipo de balance hídrico. La forma forestal de la copa tiende a ser ovoidal, con fuste alto. La comunidad está constituida por gran número: cientos de especies. No se observa la presencia de efímeras. Las plantas crasas principalmente cactáceas, de las formas típicas del género Opuntia, están circunscriptas a ciertas áreas con suelo salino-alcalino. En otras zonas, suelo salino, con menor tensión osmótica, aparecen especies cactáceas erectas en forma de candelabro, típicas del género Cereus semejantes. En los cerros, es frecuente encontrar también cactáceas de pequeño por-te, algunas de ellas rastreras, con gran cantidad de espinas.
Carácter típico del xerofitismo de esta región, es el follaje de hojas, algunas especies hojas enteras, pero más frecuentemente compuestas, pinadas y aún bipinadas. La defoliación, en estas últimas, se hace progresivamente por caída de foliolos, a medida que se acentúa la sequedad del suelo, en la estación de otoño. El ritmo fenológico es un carácter muy notable en las especies de la región. En cada estrato de la vegetación se combinan especies de follaje persistente y caduco. La más notable es el Quebracho Colorado santiagueño cuyo ritmo fonológico hemos estudiado con especial interés; conserva el follaje durante todo el invierno (aunque se observa una lenta defoliación parcial), cuando llega la primavera se produce la verdadera defoliación, con un previo cambio global del color del follaje, hacia el amarillo. Interpreto este comportamiento fenológico del Quebracho Colorado como el carácter más eminente, protector del equilibrio ecológico de esta maravillosa comunidad. Protege, durante toda la estación seca, cuando el conjunto descansa, y recobra su follaje cuando se inician las lluvias.
Al iniciarse la primavera, despierta el resto de la comunidad. Es notable observar que los distintos estratos de vegetación inician su actividad, progresivamente, de abajo hacia arriba. Las especies menores, herbáceas, brotan y florecen una vez cumplida la función de re-producción de éstas; brotan y florecen las siguientes, y así sucesivamente. Otro carácter de esta comunidad, es el color dominante en el follaje, el verde de la vegetación es grisáceo. El quebracho, algunos algarrobos, y el mistol, presentan color verde brillante, cada especie en tonalidades distintas. Siempre discutimos, si nuestras especies, deben considerarse xerófitas o xerófilas. Las ideas aclaran, de una manera, cuando en los años lluviosos, la vegetación crece vigorosamente y el follaje es más abundante. Es evidente que las plantas responden al estímulo del agua, por lo cual no debían llamarse xerófilas, sino xerófitas. Hay especies, como la Brea, que defolia parcialmente y a veces totalmente en los períodos secos de este clima tan variable, pero inmediatamente recobra la vegetación al estímulo de cualquier precipitación pluvial, tal vez sea xerófila.

Semiaridez y economía

Las condiciones naturales de la ecología de la región, son distintas a las conocidas clásicamente como “climas agrícolas”, a la que se adecuan las especies de explotación común. Los agricultores, a su vez, esperan que el clima brinde los elementos necesarios, en el ramo y las épocas convenientes, de tal modo que la producción se realice en condiciones favorables. Esto no siempre se produce. Por otra parte, en la historia de nuestro país, no se ha intentado introducir a la actividad económica las especies propias de esta región. Cuando algunas de ellas han sido utilizadas para fines económicos, lo fueron sin previo estudio tecnológico, aprovechando cualidades que se pueden descubrir superficialmente. Esto ha originado un comercio de productos primarios, que portal razón nunca obtuvieron elevados valores de comercialización y se los considera “ordinarios” o faltos de calidad.
El déficit hídrico, un factor constante, acentuado por la variabilidad hídrica, hace que, sea difícil establecer una agricultura sin riego, sobre todo cuando se utilizan especies adecuadas a climas húmedos.
La presencia de cursos de agua permite la formación de áreas agrícolas bajo riego. Se supone que, satisfecho el déficit hídrico se obtendría seguridad de cosecha, y con ello una estabilidad económica. Sin embargo, la variabilidad se extiende a los distintos factores del medio físico.
Con el aporte de nuevas técnicas, con el conocimiento más profundo del clima, del suelo, y de la biotecnología, se podrán crear variedades de interés económico, capaces de aprovechar las bondades que ofrece la ecología de la región.
Cabe recordar los caracteres positivos de nuestro clima. El período libre de heladas, en valores normales, es de alrededor de 300 días al año.
La época verdaderamente favorable para las especies agrícolas más frecuentes, es el otoño. Es la estación del año con menor rango entre la temperatura fría de la mañana y el calor de tarde. Las temperaturas en otoño, oscilan entre los llamados ideales para la vegetación, con máximas alrededor de 20 grados, y mínimas generalmente superiores a 10 grados. El otoño se caracteriza por elevada humedad atmosférica, cielo nublado y frecuentes lloviznas. Todas estas condiciones son ideales para numerosas especies hortícolas anuales que, en su período juvenil, no corren el riesgo de las heladas.
Los agricultores insisten en sembrar y las cosechas suelen ser muy abundantes en los años lluviosos con el agregado de la calidad que otorga una primavera soleada y con suficiente temperatura para acelerar los ritmos biológicos. Por eso, conocemos a nuestra región como una tradicional productora de primicias. Estas cosechas, en años favorables, animan al agricultor, pero la mayor parte de los años son desfavorables. Esta combinación de pequeños triunfos y mayores fracasos, crea un desaliento y exagera, en el consenso de la opinión, los caracteres de sequedad y de calor de la región.
Por lo tanto, en consideración a los caracteres del clima, y en general de la ecología, lo más conveniente es establecer un desarrollo ba-sado en producciones que no están sujetas al variable ritmo de las lluvias.
El verdadero sentido de la economía debe ser aprovechando las materias primas, que ella misma proporciona. Es evidente, que cubierta el área del Chaco Semiárido, por un ecosistema forestal de especies muy variadas, la técnica y la ciencia le deben encontrar sus cualidades más eminentes y basar la economía sobre ellas. Los ecosistemas forestales de la región presentan una perfecta armonía entre el clima y la vegetación, por lo cual la producción forestal es la que brinda la mayor seguridad de cosecha. Esto ha inspirado la acción universitaria creando la primera Facultad de Ingeniería Forestal de la Nación Argentina. La orientación de esta casa de estudios, desde el comienzo, ha sido crear institutos de investigación científica y tecnológica, para descubrir riquezas que desconocemos.
Dentro del área del Chaco Semiárido, se encuentran regiones subhúmedas, en las cuales el suelo retiene agua durante largos períodos. La vegetación de tipo parque, áreas con árboles, se alternan con pastizales que se denominan “abras”. Este carácter ecológico, inspira al desarrollo ganadero, con razas capaces de aprovechar las condiciones naturales de la región y resistir los factores negativos.
El desarrollo ganadero puede implementarse con la explotación de especies adecuadas a las variaciones ecológicas: ganadería bovina y de carne: ganadería de carne, de pelo y piel y de leche, con especie cabría y aunque las condiciones, aparentemente, no son tan favorables, ganado ovino de lana gruesa.
La fauna autóctona es muy rica y abundante y sus productos son valiosos. La fauna se explota en forma irracional; la cacería es más intensa que lo conveniente; se produce depredación de especies y el equilibrio ecológico se deteriora. Obrando con criterio científico técnico, debemos crear un desarrollo económico, adecuado a lo que ofre-ce la región.
La economía de una zona semiárida, puede tener una personalidad propia, aprovechando las condiciones particulares que ofrecen sus producciones naturales. El error consiste en pretender que la economía de una región semiárida siga los lineamientos de otras que tienen condiciones diferentes. Es probable crear poderosos polos de desarrollo con los elementos propios de nuestro Chaco Semiárido.
La historia de esta región presenta una falta de adecuación en los lineamientos que ha seguido, históricamente la economía, con respec-to a la naturaleza misma del Chaco Semiárido.
Aparece como una región pobre, con su ecología en degradación y perspectivas negativas. Es conveniente recordar que los recursos naturales o las materias primas no tienen valor por sí mismos, y es la capacidad humana la que orienta su verdadero valor. Por ello hay que “descubrir” esta región del Chaco Semiárido, por medio de la investigación científica, y luego tecnológica y sobre esta base establecer la verdadera economía.

Semiaridez y sociología

En nuestra región del Chaco seco, las condiciones de vida de la comunidad humana, están fuertemente afectadas por la falta de orien-tación económica.
El uso irracional de los recursos de la región, especialmente de los recursos forestales, ha disminuido progresivamente, la protección que, por su naturaleza, ofrece el ecosistema forestal. La supresión del paisaje natural, ha ido desnaturalizando, las relaciones de la comunidad humana, con su ambiente natural.
Hablando en sentido estrictamente ecológico, nuestra “casa”, nuestro medio ambiente en el cual nos desenvolvemos, inspira nuestros pensamientos. El paisaje es, para el ser humano, el lugar que vio al abrir sus ojos a la vida, que lo ha alegrado durante toda su niñez. Es la dinámica de los colores, en cada estación, lo que animó los sueños de su adolescencia. Es el lugar donde el espíritu del hombre entra en sintonía con aquello que lo rodea.
Con espíritu de “explotación”, verdaderamente antieconómico, se fue degradando el ecosistema. Es como si una mano brutal hubiera desfigurado nuestra casa. El hombre de nuestra región empezó a perder el amor al lugar en que nació, porque ya no lo encuentra, ya no es aquello que lo acompañó durante todo el proceso de su vida. Debemos considerar, en primer lugar el aspecto social del hombre del Chaco Seco. Al mismo tiempo que desaparecía su paisaje, disminuían los recursos que el Creador había ofrecido a quien algún día habitaría la región. Pero las nuevas generaciones no encuentran esa base de sustento.
La ciencia no puso de manifiesto los verdaderos valores que la naturaleza ofrece a la comunidad humana. Esta región no fue investigada científicamente, aún sigue siendo un mundo desconocido. Pero se la ha explotado.
La ignorancia, la falta de conocimientos, hace que el esfuerzo humano obre ciegamente y use los recursos de la naturaleza, sin conocerlos. Por eso, no se da el valor que la materia prima tiene, se la comercia a valores viles, y no se obtiene satisfacción en la medida del esfuerzo realizado.
La comunidad humana sufre, la degradación de la comunidad ecológica. La degradación de este proceso ha llegado a ser muy profunda. Ha quitado los valores fundamentales de su naturaleza. La irracionalidad del trabajo aísla al hombre dentro del ecosistema forestal, lo aleja de su familia.
Consideramos el enorme esfuerzo que se exige para una producción de poco valor, que se traduce en un salario desproporcionadamente bajo. El nivel social del obrero del ecosistema forestal es infe-rior a sus necesidades esenciales. Ese hombre no puede constituir familia, por su soledad y por su indigencia.
Nacen hijos sin protección de sus padres. No podríamos decir que hay familias verdaderamente constituidas. Profundizar sobre este análisis, es un tema que apasiona, pero exige grandes volúmenes. Basta con enunciarlo y dejarlo a la meditación. Todo es fruto de la falta de comprensión de la naturaleza física biológica y también humana.
Es posible armonizar la economía con las exigencias del desarrollo social. Esta es nuestra misión. La ciencia debe caracterizar la armonía ecológica, valorizar los productos, que esta naturaleza ofrece e inspirar el desarrollo de la economía, para que la comunidad humana, se establezca de acuerdo a sus propios caracteres. Una región semiárida debe aparecer tan desarrollada y satisfecha como cualquier otra comunidad.
La conducta humana indudablemente está vinculada al medio que la rodea. Podríamos decir que la conducta humana, está profundamente vinculada, con la conducta de los economistas. La semiaridez podría interpretarse como la mezquindad de agua en el medio, el suelo recibe agua pero no la suficiente. La naturaleza se la ha mezquinado. Las plantas sufren el mismo fenómeno, todo lo cual se expresa en los componentes vivos de la comunidad. Asimismo, la producción en la semiaridez está un poco disminuida, su economía es también de mezquindad. Todo ello influye sobre el espíritu humano y la conducta social del hombre lógicamente tiende a economizar, a ahorrar agua, a ahorrar recursos, no obra con generosidad, porque comprende que la naturaleza no le ha dado todo lo que necesita y el común denominador parece que fuera también la mezquindad, en el desarrollo en la sociología humana.

Influencia política de la semiaridez

Nuestra región del Chaco Seco, decirnos y repetimos, es única en el planeta. A esta misma latitud, recordarnos una vez más, están ubicados los grandes desiertos. Sin embargo, somos una excepción extraordinaria. El ecosistema forestal, convocación de selva, nos protege. Una especie simbólica, el Quebracho Colorado Santiagueño, obra según nuestro concepto, como un buen padre de la familia. Vela durante la noche del invierno protegiendo a toda la comunidad que vive bajo su copa y recién descansa tranquilo cuando los otros miembros, sus protegidos, simbólicamente los seres débiles de la familia, han reiniciado su actividad diaria.
Pero no es esta la única situación excepcional de nuestra región. Los recursos naturales, sean éstos de orden físico, biológico o geológico son distintos de los que existen en otras regiones. El ecosistema forestal está constituido por árboles de madera dura y aún extradura. Los frutales no nos ofrecen abundante pulpa. Las plantas de fibra están protegidas por espinas. Hay en el mundo vegetal una amplia gama de recursos representada por plantas alimenticias, textiles, tintóreas, medicinales, de perfume. Todas, ellas exigen un trabajo especial, no se nos brindan directamente. Esperan de nuestra capacidad, de nuestra tecnología, de nuestra inspiración creativa. Esta región también es distinta, porque el clima físico no presenta las estaciones del año en la misma forma que en Europa, o en todo el Hemisferio norte. Tenemos sí, las cuatro estaciones bien marcadas, pero lo son de una manera particular. La primavera, que la poesía pinta como agradable y colorida, en nuestro caso, por un proceso de rápido calentamiento, con suelo seco, atmósfera violenta, que levanta del suelo el polvo, no coincide con los patrones convencionales. Esta primavera que hace romántico el espíritu, nos brinda un medio ambiente hostil. El invierno, que se nos pinta siempre cubierto de nieve, que impide el movimiento, lluvioso y ventoso, es en nuestro Chaco Seco, una estación deliciosa. La noche fría, muy fría, el día tibio y asoleado. ¡Cuantas regiones del mundo aspirarían a tener un invierno como el nuestro! El otoño, que en Europa es frío, con lloviznas y vientos, la estación menos agradable del año, para nosotros es suave, sereno, nublado, es la estación que más gozamos. El verano, ¡nuestro famoso calor!, cuyas temperaturas máximas llegan a niveles muchas veces inhóspitos, está sujeto a un ritmo climático de tres días de calor, lluvias, tres días agradables, nuevo ascenso y otra vez calor. El calor es intenso, tan intenso que se graba profundamente en el recuerdo. Nuestro pueblo recuerda esos tres días de calor como su pensamiento dominante, y se olvida del tiempo agradable que pasé.
Pero, hay otro factor de excepcionalidad, el carácter variable del medio físico. Lo que llamamos variabilidad climática. Las variaciones del clima son extremas, hay años extraordinariamente secos y otros extraordinariamente lluviosos. Hay años con invierno extremadamente frío, y de otros podríamos decir que no hubo invierno.
Tomando a todo este complejo natural con criterio de recurso económico, es evidente que el espíritu del europeo, que domina a nuestro país, no comprende que las estaciones del año sean como son, que varíe tanto el medio físico, y que las especies vivientes no respondan a los patrones acostumbrados. Los planes políticos, tienden a reproducir, las normas que rigen en Europa o en la región pampeana, donde, de alguna manera, han podido adaptar aquellos tipos de economía.
Nuestra perpetua variabilidad ofrece éxitos y a veces muy notables en la producción agrícola, pero posteriormente, los fracasos también muy notables, frustran el desarrollo sostenido. ¡Aquí no se puede producir con seguridad! Parece que fuera el pensamiento. En esta región no podemos crear una economía estable. Esta región está condenada a ser perpetuamente pobre. La mente de nuestros políticos estuvo históricamente desubicada.
Pero el investigador científico debe sentir el desafió, implícito en la primera página de la Biblia. Cuando el Creador, después de cada etapa, que en idioma figurado la Escritura llama día, siempre hay una frase, que se repite en forma insistente: Y vio que era bueno.
Si queremos recoger el desafío, que esa frase representa, podemos interpretar que el Creador nos dice: debes usar tu inteligencia para descubrir en que consiste lo bueno que he puesto en tus manos.
Si reconocemos que nuestro clima es bueno, que los recursos son buenos, que las especies que configuran nuestro ecosistema atesoran bondades, podremos realizar con éxito una fructífera investigación científica y orientar la mentalidad del dirigente.
La naturaleza nos ofrece recursos que no dependen de la variabilidad. El ecosistema forestal de su economía, no está sujeto a la variabilidad transitoria del medio físico. Es posible programar acciones de política hacia el desarrollo.
El recurso forestal, que cubre toda la inmensa región del Chaco Seco, nos ofrece el mayor volumen de materia prima, expresado en madera. Este recurso, madera, tiene una gama tan variada de posibilidades de aplicación, que cuando nos preguntan para qué sirve la madera, podríamos contestar: ¿para qué no sirve la madera? Pero en esto no se cierra la posibilidad. La cantidad de productos posibles de usar como recurso económico, ya lo hemos enunciado, es muy grande. Así como los hombres del antiguo continente convirtieron en un poderoso recurso económico, a una pobre planta herbácea llamada “trigo”; nosotros debemos también, con las capacidades que nos da la ciencia, perfeccionar aquello que con tanta insistencia nos dice: Y vio que era bueno. Tenemos también productos minerales. Podemos ofrecer nuestro clima, corno medio de recuperación de la salud deteriorada en sentido fisiológico o psicológico. El calor, que acostumbramos rechazar, puede ser atracción turística como en el sur europeo; un factor para captar energía, tanto en igual forma que los vientos de primavera que tanto nos molestan. Aquello de “Y vio que era bueno”, mirando con amor lo que es nuestro, no solamente lo convertiremos en bienestar y en riqueza, sino que, podremos armonizar las tendencias humanas y convertirlo en un verdadero desarrollo cultural. El espíritu humano llegaría así a establecer la sintonía con su medio y esto es realmente la cultura. El Chaco Seco, región con personalidad propia, podrá ofrecer al mundo la atracción de un suave ambiente físico, sus productos únicos para satisfacer nuevas exigencias del desarrollo de otros pueblos y sobre todo un carácter cultural fruto de la sintonía del espíritu con este particular medio semiárido. Con este objetivo hemos creado esta Universidad. Sabemos que la obra expresa la calidad de su autor. Deseamos llevar a la perfección las calidades humanas que atesora nuestra juventud. Todo lo que ofrece esta región bajo la inspiración de mentalidades con capacidad y calidad humana, enriquecerán al mundo con el aporte de la personalidad material y cultural de este Chaco Semiárido.


Néstor René Ledesma

| | 0 comentarios

Una maravilla ecológica: el Quebracho Colorado

En la inmensa extensión del Chaco semiárido, el paisaje aparece cubierto por el quebracho colo-rado (Schinopsis quebracho colorado), que puede considerarse como el verdadero símbolo de toda esa gran región continental.
Su presencia embellece el paisaje, en la interminable llanura su porte alto, erguido sobre el tronco erecto. Se viste con un follaje fino, brillante, de hermoso color verde claro, cuyo tono cromático varía en las distintas estaciones del año. A lo largo del otoño, la presencia de sus frutos maduros, de color rojo escarlata, resaltan sobre el fondo verde y exaltan la belleza del árbol.

En Diálogo con el Paisaje
Sobrevolando la porción chaqueña del territorio patrio desde el río Paraná hasta el Aconquija, desde Río III hasta el Matto Grosso, contemplamos sus bosques interminables, "Cuántos millones de quebracho hay", pensamos. Pero al mismo tiempo asoma a nuestra mente el recuerdo de otra expresión muy frecuente. ¿Quedan muchos quebrachos?
Al estudiar las ciencias de la naturaleza, tenemos oportunidad de detenernos y admirar las belle-zas del medio que nos rodea. La capacidad de percepción que otorgan los conocimientos científi-cos, estimulan a profundizar nuestras investigaciones y así descubrimos las perfecciones atesora-das en la intimidad de los seres vivientes. Surgen con claridad al mismo tiempo, las maravillosas relaciones sociales entre los vegetales y la fauna, que pueblan ese ámbito. Y por fin, nuestro es-tado mental, nos estimula a profundizar sobre las cualidades de los productos, que el mundo fo-restal, puede aportar para el desarrollo integral de la sociedad humana.
Si establecemos un diálogo con esa comunidad viviente, ella podrá hablarnos de sus secretos. La maravillosa armonía entre los ritmos del mundo físico y el biológico, nos muestra, cuando incur-sionamos en sus relaciones sociales, el equilibrio ecológico propio y particular de esa región. Y penetrando cada vez más, llegamos al conocimiento de los procesos individuales, que, en la inti-midad de la actividad fisiológica, elaboran y no ofrecen como recursos los frutos de dicha activi-dad, actuando como una gigantesca fábrica.

El Árbol y el Hombre
El quebracho y el tradicional criollo, el hombre de nuestra región, son como hermanos. La silueta de ambos es delgada y elegante. Uno adornado con su follaje fino y brillante, que lo asemeja a un gigantesco helecho y el otro, modesto y gallardo a la vez, ofrece como fruto de su espíritu, la sim-ple expresión de su música y su poesía. Ambos son duros y de gran firmeza interior, pero no hacen alarde de su fortaleza, hasta que lo requieren las circunstancias. Pero cuando el bosque es degradado y el paisaje pierde su esplendor, el hombre también decae y emigra.
Nos sentimos, por lo tanto, estimulados a meditar sobre esta especie, cuya real significación no siempre se reconoce, en la diversidad de valores con que aporta embellecimiento al paisaje, de-fendiendo la armonía ecológica y brindando sus productos valiosos, para asegurar el pleno desa-rrollo de la sociedad humana.

Maravilla ecológica
Cuando toda la naturaleza “duerme” en la estación invernal, el quebracho permanece verde y acti-vo en posesión de todas sus cualidades, como en los mejores momentos. Al llegar la primavera, cuando todo despierta y se engalana, nuestro quebracho pierde sus hojas y entra en descanso.
Parece noctámbulo, cuya vida se desarrolla a la inversa. Activo durante la noche de invierno, duerme cuando la primera invita a vivir.
Llamó nuestra atención este extraño comportamiento y lo observamos durante años, tanto en su "hábitat" santiagueño como en un medio lejano muy diferente; el Jardín Botánico de Buenos Aires. Nos detuvimos a estudiar, esa fenología tan particular. Al contemplar el mapa del Planeta y obser-var que nuestra región es excepcional, única no desierta a los 30° de latitud pesamos: "Estamos realmente en presencia de una maravilla biológica".
En la comunidad forestal chaqueña, que constituye lo que técnicamente denominamos un ecosis-tema, nuestro quebracho es el árbol de mayor estatura. Cubre con sus copas a todos los seres vivientes, vegetales, animales y microorganismos que lo acompañan. Es la especie dominante.
Bajo el techo protector creado por su follaje, actúa como un padre, conservando la humedad del ambiente, reduciendo los rigores de la radiación solar y la fuerza de los vientos. Crea de ese mo-do, un clima distinto en la porción de la atmósfera que logra confinar. Las especies menores, árbo-les, arbustos, hierbas, animales y microorganismos, bajo su protección, un pedio propicio, que les permite vivir en plenitud. Todo el conjunto funciona de acuerdo a las leyes que rigen las relaciones entre la vida y el mundo físico. Cada componente cumple el papel que le corresponde de acuerdo a los caracteres de su especie.
Nuestro Chaco seco se caracteriza climáticamente como semiárido. El aporte pluvial satisface la mitad de las exigencias hídricas. El agua de lluvia es abundante en verano, pero el invierno y la primavera carecen de lluvia.
El aporte de agua de las precipitaciones no alcanza así a satisfacer la potencia evaporante de la atmósfera, ávida de agua. El ambiente, cuando carece de protección se deseca con facilidad. La atmósfera confinada entre la vegetación adquiere caracteres distintos. La persistencia del follaje del árbol mayor, durante todo el invierno disminuye el rigor de la sequedad, del frío y del viento. El descanso de la comunidad está, de este modo, protegido.
Cuando la primavera estimula la vida, el "padre de la comunidad", pierde el follaje y se descorre el telón. El sol llega a los menores que despiertan ante el estímulo de la luz y las temperaturas favo-rables; el paisaje se cubre de flores. Es la plenitud de la vida, el desplegar las galas del amor, que se traduce en los frutos, que prolongan la existencia de todas las especies.
Cumplida esta etapa, a fines de la primavera sobrevienen las lluvias, arrecian los calores y es en-tonces cuando despierta el quebracho. Nuevamente es necesaria su protección. También él pue-de florecer; fructifica en la serenidad del otoño, sus semillas maduran y cierra el ciclo.
Este admirable mecanismo natural determina que nuestra región central, resulte en el mundo, una excepción.
A la misma latitud en Norteamérica, África, Asia y Australia dominan los desiertos. Esta maravilla biológica, llamada quebracho colorado, nos ha protegido.

Maravilla Tecnológica: Ébano y Quebracho colorado
Nuestro comportamiento con respecto a la riqueza forestal argentina demuestra que no hemos sabido recibir dignamente este regalo del Creador. Las maderas de nuestra principal zona forestal, el Gran Chaco, fueran empleadas para quemarlas como leña o carbón o para pisotearlas como durmientes de ferrocarril, o detener la furia de las bestias.
Al iniciar su actuación los primeros Ingenieros Forestales Argentinos, estudiaron con rigor técnico, las cualidades de nuestra riqueza forestal natural. Descubrimos con sorpresa que aquello que habíamos despreciado es realmente valioso. La diferencia tecnológica entre el ébano, consagrado como la madera exquisita, el adorno más apreciado, y el quebracho, radica exclusivamente en el color. Y podríamos preguntarnos: ¿Es mejor el negro del ébano o el rojo vivo del quebracho?.
La investigación científica y tecnológica nos descubre ahora, cualidades insospechadas; adorna actualmente los salones más suntuosos, en muebles de lujo, en obras de arte, en revestimientos.

Madera imputrescible, dura y elástica
Dejamos la madera del quebracho sometida a las peores condiciones del ambiente, enterrada, sumergida en el agua, expuesta a la lluvia y al sol. Pasará el tiempo y luego de decenios y quizás de siglos, la encontraremos como el día primero. Sus principales cualidades se conservan y en algunos aspectos se exaltan. Es que su composición química, la protege contra el ataque de ele-mentos destructores y la mantiene en buenas condiciones a pesar del tiempo.
Como cualidad agregada a la duración indefinida de la madera, en cualquier medio, vale aclarar su elasticidad y dureza, que permite el paso de los trenes sobre ella durante largos períodos o soporten la tensión de los alambrados y las embestidas de los furiosos animales.

Maravilla Económica
El "milagro argentino" se produjo en el último cuarto del siglo XIX. La famosa generación del ochenta produjo un núcleo de hombres que ubicaron a nuestra República Argentina entre las grandes naciones del mundo. Su fama atrajo de todas las latitudes, que engrosaron los núcleos de trabajo incrementando la riqueza.
El "granero del mundo" se llamó a nuestro país porque exportaba la mejor carne y los mejores granos. Indudablemente fueron muchos los factores que, en forma concluyente, lograron semejan-te éxito; las condiciones ecológicas, la dirección eficiente y honesta, la laboriosidad de los hom-bres de trabajo, las variadas especies vegetales y las razas pecuarias.
Para lograr tales objetivos, fue necesario introducir métodos basados en nuevos conceptos técni-co-científicos, mediante la selección de los reproductores en forma individual y por grupos debi-damente identificados. Se crearon cabañas, establecimientos caracterizados por su tecnología y estancias donde los reproductores multiplicaban la hacienda de alta calidad. Para todo ello fue necesario organizar las cabañas y las estancias. El alambrado con postes de quebracho colorado posibilitó la aplicación de la tecnología biológica para la realización del progreso con rapidez y gran perfección en la economía ganadera, produciendo la mejor carne del mundo.
Del mismo modo el desarrollo de la agricultura se inició con la división de predios, base del mane-jo racional, del progreso agrícola y también entonces el poste de quebracho colorado fue el artífice del progreso.
Para transportar la producción y vincular a los hombres de todo el país, el quebracho fue elemento fundamental en el tendido ferroviario. Creo el aparato circulatorio del país. Las primeras locomoto-ras usaron de su energía y también sirvió como combustible para el desarrollo industrial.
Hoy el acero, palanca fundamental del progreso industrial, encuentra en el carbón uno de los ele-mentos básicos que alimenta los altos hornos.

Árbol Simbólico
Expresión auténtica de toda una comunidad natural, custodio de la armonía de la naturaleza, fuen-te de recursos para la estructuración económica y cultural de todo el país, el quebracho colorado se presenta como el exponente simbólico de la Región Chaqueña.
Debemos agregar sin embargo, otros valores de significación eminente. La relación espiritual del hombre con el medio y el exponente de su inspiración constituyen una ligazón básica en la expre-sión cultural. Tanto es así, que al degradarse el medio biológico, cuando el paisaje pierde su es-plendor, el hombre también experimenta el fenómeno, reduce su gallardía y pierde sus más emi-nentes virtudes. Se siente así como extraño y derrotado, se dá al abandono, se entrega al vicio o reuniendo la fortaleza que aún conserva, emigra llevando sus recuerdos que canta desde la leja-nía.
Es que el quebracho representa para nuestro hombre, el símbolo de su región chaqueña.

La Visión Real
Así podemos, apreciando la belleza y disponiendo favorablemente nuestro espíritu, penetrar en los secretos de la ciencia y poner de manifiesto, como en el caso del quebracho colorado, las le-yes biológicas que lo ungen protector en el orden de la naturaleza y le confieren cualidades de orden tecnológico que lo convierten en elemento fundamental para el desarrollo nacional.
Esto nos permite utilizar inmensos recursos que atesora la geografía de nuestro territorio patrio para el progreso general, manteniendo al mismo tiempo la belleza del paisaje y la potencia crea-dora de sus recursos renovables, creando el bienestar y el progreso material y cultural.


Néstor René Ledesma